
No hay nada peor que no tener sueños…
Vivir en la incertidumbre de la oscuridad casi absorto sin saber:
¿Por qué? ¿Como? Y ¿Cuándo?.
Para quienes han vivido esta etapa fría, en la que parece que nada tiene sentido,
En la que el rio de la vida te hace rebotar contra la orilla una y otra vez sin escapatoria,
La mirada fría se ilumina hacia un Dios de esperanza llenos de fe…
No hay raciocinio que valga cuando tu Dios es el teatro, vaya paradigma,
Por que lo estas viviendo, nace de la inquietud de ser y estar prisionero en tu cuerpo y que de pronto venga un personaje a poseerte, y te das cuenta
Que la simple maqueta de la vida,en la que te enseñaron lo bueno y lo malo ya no te sirve, no dejaste de ser tú, pero ahora en ti algo cambio… un nuevo pequeño milagro esta por ocurrir, el milagro de volver a soñar, de salir de la oscuridad.
El actor permanentemente vive en esa oscuridad, sale de escena y esta en ella, vuelve a escena y esta de nuevo en la luz, siendo juzgado como personaje, por un público sorprendido aun por la magia del teatro, que no va a dudar de lo que ve y escucha, pero sobretodo por lo que siente.
El pequeño milagro del arte, el pequeño milagro de la vida… de nuestro gran Dios.
¿Pero que pasa cuando ese actor no cree en lo que hace?, es lo mismo que una persona sin fe, o sin sueños, irremediablemente pierde la sincronía con el mundo, y deja de responderse la pregunta vital:
¿Para que estoy yo aquí?...
Cuando para un principiante en la actuación las preguntas no tienen respuestas o peor aun, no hay preguntas, es cuando debe tomar distancia, volver al origen, a la pregunta inicial y darse la bella oportunidad de empezar de nuevo. Sin cuestionamientos la vida seria fácil, y la creación una mierda, lo que nos lleva hacer racionales y creyentes es porque nos preguntamos cosas, a veces la respuesta esta a la vuelta de la esquina, a veces a miles de kilómetros y la mayoría de las veces esta en nuestro corazón.
No hay nada peor que no tener sueños…
¡Ni nada mejor que soñarlos!